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¿Podemos superar nuestros complejos?

Vuelve a quererte con estos consejos

13/03/2015

Vivimos en un mundo obsesionado con el aspecto físico. No hace falta más que encender la televisión para comprobar que la sociedad nos ha impuesto un ideal de belleza irreal y difícil de conseguir. No es de extrañar que todos nosotros acabemos desarrollando complejos.

¿Pero qué son los complejos? Básicamente, un complejo es la disconformidad con alguno o varios aspectos físicos o psíquicos de nuestra persona, que percibimos subjetivamente con sentimientos de minusvalía. Lo que podemos deducir de esta definición es que los complejos nacen de nuestro interior y no tienen nada que ver con cómo nos ven los demás, sino con cómo nos vemos nosotros mismos. De esto también podemos deducir que tienen solución.

Existen tres clases de complejos: por un lado tenemos los físicos, que afectan más a las mujeres que a los hombres; en segundo lugar tenemos los complejos psíquicos, que nos hacen sentir menos inteligentes y cultos que los demás; y en tercer lugar, los complejos sociales, que están relacionados con nuestro poder adquisitivo, nuestra profesión, nuestros orígenes...

Combatir un complejo es una batalla que tenemos contra nosotros mismos. Somos nuestros jueces más severos y en ocasiones nos tratamos injustamente ante el espejo. Pero podemos darle un giro a la situación con alguno de estos consejos.


Aceptar nuestra imperfección: porque ¿quién quiere ser perfecto? Es normal tener dudas sobre nosotros mismos, pero son esas pequeñas imperfecciones las que nos hacen ser quién somos. La aceptación comienza y acaba en nuestro interior.

Rodearte de gente que te acepte tal y cómo eres: aunque como hemos dicho nosotros mismos somos los únicos que debemos aceptarnos tal y cómo somos, es cierto que algunas compañías pueden acabar minando nuestra estima. Deshazte de todo aquel que sólo vea el mundo bajo el prisma de lo físico y no sepa valorar el interior de las personas. ¿De verdad necesitamos esas personas vacías en nuestra vida?

Céntrate en las partes que sí te gustan: de la misma manera que todos tenemos defectos, también tenemos virtudes. Es inútil seguir dándole vueltas a esa partes de nuestro físico o personalidad cuando tenemos muchas otras de la que sentirnos orgullosos.

No los exteriorices negativamente: una cosa es contarle en confianza a alguien cercano acerca de tus complejos, y otra cosa es hacer de ellos tu bandera. Si te quejas constantemente de aquello que no te gusta de ti, los demás acabarán por tratarte tan mal como tu te estás tratando.

Conviértelos en tu fuerza: pocas cosas hay más atractivas que aquellas personas que, pese a no responder a los criterios de belleza que la sociedad nos marca, hacen gala de sus complejos con total naturalidad. ¿Algunos kilos de más? ¿Una nariz demasiado grande? ¿Qué importan esas minucias cuando reflejas ante los demás esa seguridad y ese orgullo? Las personas que se quieren a ellas mismas sin caer en el narcisismo son las que irradian el atractivo más irresistible.

Podemos convertirnos en nuestro peor enemigo si nos juzgamos en comparación a otras personas. Tendemos a ser injustos ante el espejo y olvidamos que todo lo que tenemos, incluidos los defectos, nos convierten en lo que somos.

Imagen Vía

 

Redacción COSMO
Noticias escritas por el equipo de redacción de COSMO.


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