A diferencia de los premios Oscar, que entrega la Academia de Cine estadounidense, los Globos de Oro son elegidos por la Asociación de Prensa Extranjera en el país. Por eso resulta extraño que los americanos vean este certamen como algo más suyo que los mismísimos premios de la Academia, y así los Globos de Oro se han convertido en un reflejo mucho más significativo para Estados Unidos que los galardones más célebres del mundo.
Cada año, los actores que suben al escenario, y cuando decimos actores nos estamos refiriendo a las actrices, aprovechan la plataforma para manifestar los problemas que su industria y su país están enfrentando.
Aún resuena
el discurso de la presentadora y actriz Oprah Winfrey del año pasado, en el que canalizó las voces de millones de mujeres de Estados Unidos (y del mundo) reivindicando movimientos como
el #metoo y el #timesup, que luchan contra los enfermos que usan de su posición para abusar y vejar no sólo al sexo femenino, sino a todo el que tienen oportunidad.
Este año no podía ser menos y ya podemos decir que se ha convertido en una tradición más importante que conocer a quiénes ganan los galardones más importantes. Este año era el turno de Glenn Close.
La actriz, de 71 años y con casi 40 de experiencia antes una cámara, ganaba uno de los premios más importantes de la noche, el de mejor actriz por una película dramática, La Buena Esposa.
Es su tercer Globo de Oro, pero este sin duda será el más recordado, y no por la cinta que la ha encumbrado, sino por el potente discurso que regaló a los asistentes y televidentes del evento.
Close comenzaba su discurso ya entre lágrimas, que acabó contagiando al respetable: " Estoy pensando en mi madre, que toda su vida dependió de mi padre y que a sus ochenta años me dijo que pensaba que no había conseguido nada en la vida. Sentí que eso no estaba bien, y lo que siento que he aprendido con esta película es que las mujeres somos las que cuidamos y criamos y eso es lo que se espera de nosotras.
Tenemos a nuestros hijos, tenemos a nuestro marido si somos lo suficientemente afortunadas, tenemos a nuestras parejas, lo que sea... pero necesitamos sentirnos realizadas", afirmaba arrancando los primeros aplausos del público. "Tenemos que seguir nuestros sueños. Tenemos que decir "yo puedo hacer eso y debería estarme permitido hacer eso".
Al terminar su discurso incluso sus rivales en la categoría, Nicole Kidman o Lady Gaga, se deshicieron en aplausos y elogios para la gran dama del cine, que ahora se presenta como favorita para ganar el Oscar a la mejor actriz principal que se entregará en poco más de un mes.
El año que viene pocos recordaremos que la gala premió como mejor película a Bohemian Rhapsody, pero todos seguiremos teniendo presente el discurso de Glenn Close. Quizás incluso inspire a otras mujeres a alcanzar estos galardones en un futuro cercano.
Redacción COSMO
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