A fines del 1700, las tropas británicas empeñadas en no dilapidar colonias en el mundo, deciden aplacar los alardes independentistas de los rebeldes sureños, devastando y eliminando todo lo que se les cruza por su camino, al mejor estilo Gengis Khan. Los soldados leales a la corona son verdaderos demonios tártaros sin honor ni vergüenza, algo que sí poseen los padres de familia, los granjeros y verdaderos héroes de la inminente unión de estados o mejor dicho: patria de patrias.